2014, EEUU,
125 min. Alex de la Iglesia, Rodney Ascher, Bill Plympton, Erik Matti, Julien
Maury, Alexandre Bustillo, Marcus Dunstan, Kristina Buozyte, Bruno Samper, Sion
Sono, Vincenzo Natali, Larry Fessenden, E.L. Katz, Jen Soska, Sylvia Soska,
Aharon Keshales, Jim Hosking, Navot Papushado, Big Bad Wolves, Dennison
Ramalho, Lancelot Imasuen, Julian Gilbey, Jerome Sable, Robert Morgan, Julian
Barratt, Todd Rohal, Alejandro Brugués, Steven Kostanski, Hajime Ohata, Chris
Nash
Compendio de
26 cortos que, al igual que en la primera entrega, proceden de 26 directores,
cada uno de su padre y de su madre sí.
Como es señal
de la marca, cada corto se relacionará con una letra del abecedario y evocará a
la muerte en su desarrollo. Precisamente en los nombres de los cortos es donde
nos encontramos algunas meteduras de pata, muy forzados y que restan
consistencia quizás a un buen corto, estropeado por un título absurdo.
Al ser tantas
obras diferentes es complicado y extenuante analizarlas una por una. Debo
fijarme en la obra en su globalidad, a la que en términos generales le doy un
ok redondo, a pesar de la crítica, que en algunos medios ponen a esta
producción fatal.
Hay cortos en
los que la hilaridad prima sobre el terror, o más bien el impacto visual, otros
son verdaderamente violentos y otros nos ofrecen un surrealismo, paranoias que
nos dejan atónitos y que no da tiempo a digerirlas ya que comienza una nueva
historia.
Precisamente
aquí está por ejemplo el de Robert Morgan, muy esperado por mí y que no me
defraudó, aunque no llega a la calidad de Bobby Yeah, creo que él también ha
percibido que podía haber realizado un corto de mayor calidad en comparación
con otros de esta película que alcanzan una puntuación más alta. Es posible que
Morgan esté decepcionado por la expectativa y el resultado (ver su estado en
twitter: filmaker etc., como restando pompa a su profesión).
Entretenida y
larga, creo que totalmente revisionable y que, quitando algunos truños que nos
tenemos que tragar (es imposible que los 26 directores rocen la misma
brillantez), merece la pena por otros cortos que me han dejado muy buen sabor
de boca.
Lo mejor: cortos, no sólo de terror, sino
dementes.
Lo peor: algunos pretenden ser cómicos y
estropean la esencia, a no ser que ese fuera su cometido inicial.
Nota final: 7,7

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